Sobre mí

Me llamo Irene y soy conservadora-restauradora del patrimonio.

Estudié en Granada. Formo parte de la primera promoción que se graduó en un Grado específico de conservación y  restauración en la Facultad de Bellas Artes. Me siento afortunada por esto y porque nunca he tenido mejores compañeros, ni he compartido tanto como entonces.

En aquellos años, me especialicé en todo lo que me atraía: pintura sobre lienzo, sobre tabla, escultura, materiales pétreos, revestimientos y pintura mural, arqueología (cerámica, metales, vidrio…), documento gráfico, libro y encuadernaciones. También hice todas las optativas de fotografía. Todo esto porque, sencillamente, no lo pude evitar.

Después de esto, hice el máster en Conservación en la Universidad Complutense. Madrid fue un año de contraste y pleno de contenido, tanto en lo personal como en lo académico. No he aprendido tanto en tan poco tiempo ni he madurado tan deprisa.

Puede decirse que en la capital amplié mis horizontes, incorporando a mi repertorio la conservación del arte tecnológico y las nuevas tecnologías narrativas. Profundicé más en la conservación, especialmente en su aplicación a las instituciones museísticas y salas de exposición (conservación preventiva, comisariado, gestión de riesgos y planes de emergencia, control de condiciones ambientales, control de calidad, plan integral, catalogación e inventario…) Gracias a los convenios establecidos, realicé mis prácticas en el Museo Nacional de Artes Decorativas, departamento de Documentación. Estos meses, entre clases y museo, no vi apenas la luz del sol. Literal.

Durante el 2015, se catalizó en mí un sentimiento de compromiso presente en los años previos. Algo que ver con la labor de recuperar y proteger el patrimonio, buscando la manera de conseguir el reconocimiento de los que se dedican a esto, y de asegurar que aquellos que llevan a cabo estas acciones reúnen las competencias necesarias.

Así, quise hacer una aportación útil y  personal al ámbito con mi Trabajo Fin Máster  Propuesta de regulación de la profesión de conservador-restaurador. Normativa española y entorno europeo  , se plantea como una estrategia innovadora (se trata del primer estudio que se lleva a cabo con estas características) que resuelva las carencias actuales considerando su urgencia al suponer este panorama un peligro continuado para la conservación del patrimonio. 

Después de esto, volví a mis orígenes manchegos y pude llevar a cabo algunos proyectos, manteniendo mi interés por seguir trabajando en los distintos ámbitos (cursos, conferencias, investigación) y desarrollarme en áreas afines, como la pintura y la escritura.

 

Mirada clínica, ©2014 Irene Merino Mena.

Me defino como devota del arte (me resulta imprescindible en mi vida), profesional de vocación (hasta donde me alcanza la memoria). También como defensora de la cultura, siendo coherente respecto a lo anterior: todo lo que he hecho o escrito ha intentado contribuir a esto.

Por otra parte, considero que mis aficiones son resultado de mis intereses metafísicos. Desde la práctica de las bellas artes como motor, pasando por la búsqueda de una filosofía propia, hasta el pulso ininterrumpido de la necesidad de conocer más y más, cada día. Una búsqueda continuada que se orienta en el desarrollo de mi pensamiento y capacidad de expresión.

Creo que esta actitud proviene además de un temperamento vitalista. Suelo ver los problemas desde una óptica constructiva y nunca me canso de disfrutar de las pequeñas cosas, permaneciendo atenta a las oportunidades que se brinden. Me recreo en todo lo bueno que ofrece el día a día, desde el equilibrio. Por esto mismo, se me puede considerar una versión curvilínea del clásico bon vivant, aunque eso sí y como siempre sucede con todo, adaptada a mi tiempo y a mis circunstancias.