Universos infinitos: Escher en el Palacio Gaviria de Madrid

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Según los expertos, ya desde el primer momento en que dos personas se conocen y al margen de las respuestas limitadas al factor físico, sexual o étnico, se genera una impresión tan significativa que marca cómo será la relación que establezcan esas personas. El llamado feeling: que puede resultar en una generosa declaración de buenas intenciones o en la concisión de un rayo que te parte en dos ipso facto. Basándonos en esto, se podría pensar que aquello que intuimos más allá de la materia crea en nosotros una receptividad más o menos chispeante, que lo que encontramos nos induce a pensar en el futuro como una extensión del presente  en el que  la sensación de confort, indiferencia o rechazo será el leitmotiv de esa interacción entre, en definitiva, dos mentes.

Conocí a Escher a través de su obra de forma casual, buscando inspiración para unos dibujos a comienzos del nuevo siglo. Más adelante, me encontré con él mientras estudiaba en Granada, durante la exposición que tuvo lugar en la Capilla del Palacio Carlos V y el Parque de las Ciencias. Supongo que si el propio Maurits Cornelis hubiera tenido la oportunidad de pasear por estos espacios en el 2012, hubiera sentido una sensación similar a la que experimentas un buen día cuando te paras a observar detalladamente tu propia imagen en un espejo o decides escuchar una grabación con tu propia voz tras un considerable margen de tiempo y te  haces consciente de lo mucho o poco que queda de aquello que conocías de ti mismo. El universo Escheriano se expande y  retrotrae basándose en sus propias normas y a la vez representa la totalidad de lo que nos rodea, una mirada detallada, personal, racional… Que se permite interpretarlo todo con una creatividad sin precedentes.

Resulta particularmente curioso porque ahora escribo sobre la retrospectiva Escher (Palacio Gaviria, Madrid), siendo un lugar y unas circunstancias  bastantes diferentes a las anteriores. Esta exposición constituye un relato personal a través de las diferentes etapas en las que la particular visión de este genio de las artes gráficas fue tomando forma y consistencia, incluyendo (cómo no) una mención especial a sus visitas a la Alhambra como parte de una de las más representativas en su obra. Una vez más me encuentro con Escher, con su misteriosa forma de hacer visibles las leyes que rigen el mundo y me veo en todos esos momentos previos que se acumulan, participan entre sí y me llevan al presente. Y la verdad es que resulta reconfortante comprobar que desde aquella primera vez en que me quedé completamente abstraída contemplando uno de sus grabados muchas cosas han cambiado y otras permanecen. Quizás sean simples coincidencias o intereses comunes los que me llevan una y otra vez al juego de Escher. No sé vosotros, pero yo cada vez creo menos en las casualidades.

 

Mi artículo para LeMiauNoir:

https://lemiaunoir.com/exposicion-maurtis-cornelis-escher-palacio-daviria/

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